AZABACHE LARU, ANIDRO
El desgarramiento que recorre este Grito rojo de la noche no escatima golpe a las palabras y a lo que ellas designan, desde el espacio mítico hasta la tolvanera de los días más arrastrados.
El testigo impávido ve con el estilete de los ojos la turbulencia existencial de un mundo humano en proceso de corrosión, donde ídolos y dioses por igual habrán caído con nosotros: El humano debe re-crear al humano, para forjarse una razón y poder dialogar con su vacío. Sensible a los estímulos de la belleza que se hurta, quizás horrorizada de lo que en el mundo acontece, el grito de estas páginas también abre espacio a la sencillez esperanzada: El brío,/ lo que solloza y mata,/ lo que envejece,/ lo que sonroja y abrillanta,/ germina en un parque/ jugando a la pelota.